El run run de la calavera
Dice el alma de Genoveva de Escóbar, personaje de El run run de la calavera : “Eso nos pasa a los viejos, que nos quedamos solos”. Fallecen los amigos o, lo que es todavía más frecuente, se convierten en enemigos. Tras eso, los enemigos también mueren. La soledad es la antesala de la muerte natural. Pero los muertos no están solos, o, mejor dicho, “no estaban muertos, andaban de parranda”. Y esta novela es la parranda de los muertos y la parranda de Ramón Rocha Monroy, que en el epílogo de la cuidada edición de la Biblioteca del Bicentenario, la misma que ahora presentamos, cuenta de forma plástica cómo su obra emergió de una fiesta. Estaban bebiendo, bailando y cantando coplas en Pocona en carnaval, cuando se toparon con una procesión fúnebre, se sumaron a ella y entonces, mientras avanzaban, vieron cómo los vivos colores de sus trajes se transportaban a los oscuros de las vestimentas de los deudos; transmigración de luces ¿y de almas? Llegaron al cementerio,...